La XXII Feria recorre la geografía canaria a través de los libros

El estudio colectivo dedicado al patrimonio histórico-artístico de La Laguna se da a conocer hoy en la parque García Sanabria de Santa Cruz, donde los lectores también tendrán acceso a "Nombretes en el Sur de Tenerife", de Marcos Brito.

La XXII Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife propone hoy un recorrido por la geografía canaria a través de tres libros que glosan otros tantos aspectos de la realidad isleña: desde el desarrollo urbanístico a los nombres, pasando por políticas relacionadas con el agua.

Al margen de estas presentaciones literarias, el capitalino parque García Sanabria recibirá un amplio programa en el que se incluyen actividades para todos los públicos. Así, la mañana comenzará a las 10:00 horas con el taller de humor gráfico impartido por J. Morgan, que volverá a la Feria para acercar su arte a los más pequeños. De forma simultánea, Manuel Abril dirigirá otro taller, esta vez de creación literaria, dirigido a estudiantes de entre 7 y 18 años bajo el título "Desnudar y vestir palabras y textos".

A las 13:30 horas está prevista la presentación del libro "Nombretes en el sur de Tenerife", de Marcos Brito. El nombrete con que se designa a una persona, e incluso a un colectivo, tiene múltiples orígenes, un gran surtido de recovecos, de procedencias, de modos y maneras para llegar a su imposición. En muchos casos es imprescindible para conocer a quien se cita, sea una persona o una familia, ya que se transmite de padres a hijos, convirtiéndose en patrimonio familiar. Los apodos que se reseñan en el libro proceden de épocas pretéritas, en el que su uso era generalizado, y han sido recogidos en los municipios del Sur de Tenerife.

Cuentos ecológicos

Por la tarde, a las 17:00 horas, será el turno del taller de camisas de papel a cargo de Draguin Park en la Carpa de Actividades. A la misma hora, pero en el Carpa Institucional, se presentará "Itinerarios histórico-artísticos de San Cristóbal de La Laguna", obra debida a varios autores y que edita el Gobierno de Canarias.

El estudio, dividido en cinco capítulos, tiene un importante componente didáctico y aporta una relación comentada de recursos bibliográficos, audiovisuales e informáticos que facilitan una aproximación a la estructura y características de los itinerarios.

Más entrada la tarde, a las 18:30 horas, se presentará la obra "Las toninas de Efirinet. Cuentos ecológicos", de Mónica Díaz Tabares, a cargo de la Asociación Canaria de Escritores (ACAE).

El programa finalizará a las 19:30 horas, con un doble acto en la Carpa Institucional, ya que la presentación del libro "Agua y políticas de post-desarrollo", de José Luis Castilla, propiciará una charla en torno al tema de la obra. Aníbal Mesa, Elena Sánchez y Fernando Sabaté asumirán la introducción de esta obra, en la que se estudia la gestión del agua en relación con la Reserva de la Biosfera de la isla de El Hierro.

El libro toma las calles de Mérida

La Caseta Literaria se llenó anoche para asistir a la inauguración oficial del certamen a cargo del escritor extremeño Luis Landero

La Feria del Libro de Mérida tuvo anoche un esperanzador inicio con la inauguración oficial a cargo de Luis Landero. Alrededor de 150 personas llenaron la Caseta Literaria para asistir a su intervención, plato fuerte de una primera jornada marcada por el calor y por tratarse de un día laborable, lo que restó afluencia de público.
El escritor extremeño, autor de 'Juegos de la edad tardía' (Premio Nacional de Narrativa en 1990), 'Caballeros de fortuna' y 'El Guitarrista', entre otras obras, abrió anoche la XXIX edición de la Feria del Libro con una disertación sobre la vida y la literatura.
Como explicó, en ocasiones se encuentra escribiendo y, ante el bullicio del exterior, decide salir a participar de la vida en la calle. Pero después se arrepiente, y piensa que debe regresar a su oficio de escritor.
«¿Dónde está la vida, en los libros o en la calle?». Landero tiene la respuesta. «En los dos sitios», asegura, ya que estamos hechos tanto de vivencias como de la necesidad de contarlas. «Hasta que no contamos las cosas, no hemos acabado de vivir del todo», ya que «necesitamos convertir nuestra vida en relato, continuamente». Recordar, de hecho, es una forma de narrar. Así, vida y literatura caminan unidos.
En el mismo sentido se expresó en el discurso inaugural el alcalde emeritense, Ángel Calle. A su juicio, «el libro nos permite vivir otro mundo, otras historias, y, sobre todo, ser nosotros mismos».
El primer edil destacó la labor de la sociedad civil, que en forma de talleres de lectura o de pintura, de aula literaria o de tertulia participa en la elaboración de la Feria del Libro y en la vida cultural emeritense. También tuvo unas palabras de recuerdo para Ángel Campos Pámpano, escritor fallecido a finales de 2008 que ayer tuvo una mención especial en la Feria del Libro, y trasladó los ánimos de la Corporación municipal a la ex consejera de Cultura y Turismo de la Junta, Leonor Flores, quien se ha retirado de la política por enfermedad.
Demasiado calor
La Feria del Libro 2010 se celebrará hasta el próximo domingo en la plaza Margarita Xirgu, junto al Teatro Romano, debido a las obras que se están llevando a cabo en el parque López de Ayala, que en los últimos años se había asentado como emplazamiento del certamen.
La feria cuenta con un total de 15 casetas, entre las que destacan las seis librerías que este año han decidido participar con un expositor propio.
Una de las características de la jornada inaugural fue el calor, que durante todo el día se hizo notar con fuerza en Mérida. Para paliar los rigores del final de la primavera, el Consistorio emeritense ha instalado varios toldos que permiten dar sombra en la amplia explanada de la plaza Margarita Xirgu. Junto a esto, las casetas de actividades cuentan con aire acondicionado.

Tras la inauguración de ayer, hoy pasará por la muestra el escritor camerunés Boniface Ofogo, un cuentacuentos que por la mañana tendrá un encuentro con jóvenes y niños y que por la tarde participará en la última actividad de la Caseta Literaria. Otro de los platos fuertes de hoy es la presencia de José Antonio Leal Canales, último premio Ciudad de Badajoz con la obra 'El testimonio del becario

Miles de haitianos participan en primera feria de libro tras el sismo

Miles de personas, la mayoría jóvenes, participaron hoy en la XVI edición de la feria anual de libros 'Livres en folie (Libros en locura)' en el parque Canne-à Sucre en la periferia norte de Puerto Príncipe.

En la cita literaria, la primera que se realiza en el país tras el sismo del pasado 12 de enero que asoló parte de Haití, estuvieron disponibles 1.075 títulos, entre ellos 50 nuevos libros.

Los organizadores, entre los que figuran el Ministerio de la Cultura, el banco Unibank y el periódico Le Nouvelliste, subrayaron el contexto difícil en el que se celebra el evento.

Sin embargo, Guy Suplice, de Unibank, señaló que deben "seguir viviendo".

En tanto, Frantz Duval, de Le Nouvelliste, expresó su "satisfacción" por la participación masiva del público al punto que "las cuatro instalaciones de cajas (para cobros) no pudieron responder", lo que causó largas filas.

Duval dijo que el 80% de los participantes eran jóvenes.

El director de las Prensas Nacionales de Haití, Willems Edouard, consideró "positiva" la respuesta del público, debido a la necesidad de la gente de "salir del ambiente del 12 de enero" y señaló que la feria sirve de "terapia colectiva".

"El libro transporta al lector a otro mundo, le permite soñar y cambiar de la atmósfera mórbida que vivimos", enfatizó.

También, dijo, que en esta ocasión se realizan "muchos encuentros" entre personas que no se han visto desde el 12 de enero, debido a que están desplazados y "perdieron sus direcciones".

El terremoto dejó unos 300.000 muertos e igual cantidad de heridos y más de 1,2 millones de personas sin albergues.

El tema del sismo estuvo presente en esta feria y el libro estrella fue "Tout bouge autor de moi" (Todo se mueve alrededor de mí), un testimonio sobre el fenómeno, del conocido escritor haitiano Dany Laferrière.

El autor, quien recibió el año pasado el premio francés Medicis, se declaró "feliz" de firmar su último libro en esta feria nacional y abogó a favor de la lectura en un país donde más del 50% de la población es analfabeta.

"La lectura en sí misma es una buena cosa, puesto que es accesible a todos", opinó mientras que destacó que "abrir un libro es un acto personal e íntimo".

Para Laferrière, esta feria ayuda a combatir "ideas negativas que asolan el país".

El año pasado la obra escrita por Laferrière "Pour plaider en faveur de la culture haïtienne et contre toutes ces idées accablantes envers le pays" fue clasificada como el mejor libro en francés por la prestigiosa revista Lire (Leer), y este año recibió el premio Métropolis Bleu de Canadá.

La ministra de la Cultura y de Comunicación (MCC), Marie Laurence Lassègue, destacó que la lectura trae mucha inspiración, una nueva interpretación del mundo y una cultura más profunda.

"Nadie puede convertirse en un verdadero conquistador del futuro si no se nutre de la cultura por libros, instrumentos indispensables para la formación de la inteligencia", dijo.

"Me acostumbro a participar cada año en la feria, que es para mí una fiesta", dijo a Efe un asistente de 50 años, mientras esperaba para pagar los libros que seleccionó.

A pesar de que Haití tiene una importante tasa de analfabetos, su literatura es muy conocida a través del mundo, particularmente en el Caribe, América, Europa y África.

Bienvenida colectiva a los libros

Kirmen Uribe, Toti Martínez de Lezea, Jon Arretxe y Juan Bas inauguran la Feria de Bilbao – Azkuna defiende que los escritores son imprescindibles

Cuatro escritores vinculados a Bilbao fueron ayer los encargados de inaugurar la 40ª Feria del Libro de la capital vizcaína en su ubicación tradicional del Paseo del Arenal. Kirmen Uribe, Premio Nacional de Narrativa 2009 por Bilbao-New York-Bilbao; Juan Bas, Jon Arretxe y Toti Martínez de Lezea se saltaron las normas para dar la bienvenida a la salida de los libros a la cita con los lectores con unas palabras que en nada se parecieron a un pregón clásico.

Un centenar de autores visitarán la muestra hasta el 13 de junio

Uribe citó a Nabokov para reclamar a sus colegas el sentido común necesario para ejercer el oficio. El autor de Lolita, recordó, recomendaba a los escritores que estuviesen con los lectores y salieran a la calle, lo que, según Uribe, se puede entender como una invitación a disfrutar de la feria, que permanecerá abierta al público hasta el próximo día 13.

Serán 11 días de venta al público con un 10% de descuento en los 60 puestos -librerías, editoriales, distribuidoras e instituciones- instalados en el Arenal, junto con dos carpas para actividades complementarias. Una de ellas alberga una exposición conmemorativa del 40º aniversario de la feria, en la que se ofrece un recorrido por toda su historia a través de fotografías que recuerdan las visitas de Julian Barnes, Carmen Martín Gaite o Jorge Edwards, entre otros autores. La otra, el pabellón Bidebarrieta, acogerá la presentación de obras, abierta al público.

En total, se espera el paso por los puestos de la feria de cerca de un centenar de escritores al encuentro con los lectores que les reclamen la firma de ejemplares. El Premio Pluma de Plata recae este año en una de las autoras del boom de la literatura negra procedente de los países nórdicos. La escritora sueca Åsa Larsson lo recibirá por el éxito de ventas de su novela Aurora boreal en la pasada edición. La obra se publicó en su versión original con buen pie: obtuvo un premio de la asociación de escritores suecos de novela negra y fue llevada al cine. Desde entonces ha sido publicada en 17 países. Antonio Muñoz Molina recibirá un galardón a toda su trayectoria literaria.

El escritor, notario y presidente de Euskaltzaindia Andrés Urrutia recibirá el Premio Pluma de Oro 2010. Anteriormente han sido merecedores de este galardón que distingue la dedicación al mundo del libro y la cultura el escritor Balendin Lasuen, Ander Manterola, director de Instituto Labayru; o el académico José Antonio Arana Martija, entre otras personalidades.

La muestra quiso ayer reconocer el apoyo a los libros y al fomento de la lectura realizado por el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna con la entrega de su insignia de oro y brillantes. Fue un acto sin discursos ni protocolo. Simplemente, el coordinador de las ferias literarias de Euskadi, Asier Muniategi, entregó al primer edil la cajita que contenía la insignia. Azkuna agradeció el gesto regalando a la audiencia lo que el mismo definió como "frase lapidaria": "Podremos prescindir de los políticos, pero nunca de los escritores".

Debut de un jornalero de la literatura

El escritor David Monteagudo, autor de 'Fin', relata cómo ha sido su primer fin de semana en la Feria del Libro

Para alguien que nunca antes había estado en la Feria del libro de Madrid, que hasta hace bien poco trabajaba en una fabrica y no tenía ninguna relación con el ambiente literario y editorial, para esa rara avis que además resulta que tiene que firmar libros todo lo que ha vivido estos días es una completa y absoluta novedad: el calor sahariano, la estrechez de las casetas, la proliferación de abanicos, la misterioso hilera de personas que esta mañana, muy temprano, empezaba junto a la estatua ecuestre de Alfonso XIII y acababa en una tienda -jaima me parece excesivo- solitaria, aislada, custodiada por policías a caballo en la que iba a firmar un famoso escritor que además es académico.

A veces me preguntan sobre el asunto, y siempre digo que es mucho más duro trabajar ocho horas seguidas en una cadena montaje que pasarse un día entero firmando libros, aunque haya que esforzarse en hacerse dedicatorias personalizadas o al menos originales; pero la verdad es que a las seis de la tarde cuando el calor ha legado al máximo, cuando el aire parece que se detiene de golpe y te quema en la cara, cuando el solo esfuerzo de mover el abanico ya te da calor, cuando las manos están sudorosas y el asiento de la silla -de plástico- ya es un mar; cuando en tu misma caseta -piadosamente separado de ti por unos cuantos metros- algún escritor mediático se harta a firmar y hasta necesita una barrera y un segurata; cuando estás harto de tropezar con las rodillas en unas cajas de cartón (como las que yo fabricaba) que contiene los libros de lso señores que firmarán después de ti, y por mucho que hayas leído y admires a Muñoz Molina y a Landero acabas odiándolos; cuando se acerca un curioso más y ojea tu libro y lee la contraportada y tampoco se decide; entonces, en ese momento, comprendes que aquellos también es un trabajo, que aquello es picar piedra y tu eres un jornalero de la literatura y piensas que te lo mereces, que te has ganado el billete del ave, el hotel, y hasta las dietas de las comidas.

Pero no es más un mal momento, un bajón de energías, probablemente relacionado con la copiosa comida -tal vez demasiado copiosa- que has hecho en un restaurante asturiano que lleva el nombre de un campo de fútbol. Después pasas por buenos momentos. La cosa se empieza a animar y dedicas unos cuantos libros a lectores simpáticos, entusiastas, que te devuelven las energías y te ponen de buen humor. Algunos no traen tu libro, ya lo ha leído y lo tiene en casa, pero se acercan para felicitarte o para decirte lo que les ha gustado. Mientras tanto, los que atienden en la caseta se desviven porque no te falte nada y hasta te dan conversación, y la gente que va pasando te detiene en la caseta y ojea algún volumen, curiosean, o pregunta por algún libro muy especial, una rareza que a menudo ya está descatalogada. Y la sensación, en general, es la de un ambiente festivo, civilizado, y agradablemente literario.

Cultura destaca la buena participación en la Feria del Libro del Bicentenario

Más de 30.000 personas han visitado la feria, a cuyos talleres han asistido 1.200 niños

Más de 30.000 personas han pasado por la Feria del Libro este año. Según los datos que baraja el Gobierno municipal, el día más fuerte fue el 29 de mayo y el más flojo el jueves 3 de junio, condicionado, a juicio municipal, por la inauguración de los Juegos Iberoamericanos de Atletismo.

Durante las jornadas de Feria se ofrecieron un total de 24 talleres de animación a la lectura. A ellos asistieron 1.200 niños y seis centros escolares de Primaria. Otras actividades complementarias fueron los conciertos de la Banda Municipal de Música, las actuaciones de Teatro Odisea, el espectáculo flamenco sobre bailes de la escuela bolera y el concierto de música latina de un grupo colombiano. Acudieron a disfrutar de ellos en torno a 2.100 espectadores, como apunta el equipo de Gobierno.

El delegado municipal de Cultura, Francisco José Romero, ha realizado un balance positivo de la Feria del Libro, dedicada este año al Bicentenario de Las Cortes. El concejal andalucista destacó el nivel de participación alcanzado tanto en los expositores de venta como en las diversas actividades propuestas durante estas jornadas. De esto Romero resaltó la presencia del Bicentenario y de la literatura isleña, con la presentación de dos libros, el de José Carlos Fernández y el de José María García León. Desde las librerías instaladas se les ha transmitido que las ventas han sido satisfactorias.

El delegado de Cultura también quiso mostrar su satisfacción por la buena acogida que ha tenido esta veterana Feria en un nuevo marco, con la nueva calle Real y la renovada Alameda: "La feria ha servido para evidenciar las nuevas posibilidades de actividades que se abren en la principal arteria de la ciudad".

Tardes de vino y libros

Cuando entonces, hace la tira, yo era asidua de la Feria del Libro de Madrid. No fallaba ni un año. Así que padecía los chaparrones del final de mayo, con olorcillo de flores de acacia, humm, y engañaba el calor del verano adelantado, cerca de las casetas, con polos de limón. Cada año, lo mismo; pero estaba bien que así fuera. Yo era una contumaz lectora que no necesitaba que hubiera ferias -eso es, al fin y al cabo, cosa de comerciantes- pero pasear por allí me gustaba. Claro que no había ni la mitad de la gente que hay ahora, producto de la presión machacona de los medios.

A lo que yo iba, que me pierdo en vericuetos, es que la Feria del Libro me suponía un gasto de ahorrillos que hacía a gusto, y un gasto de yemas de dedos y dioptrías de ojos de tanto mirar y remirar, abrir páginas, catar por arriba y por abajo los títulos de autores, para mí desconocidos, que me atraían y me empujaban a comprarlos para leerlos tranquilamente después. Continue reading “Tardes de vino y libros” »

La Esfera de los Libros publica las conversaciones de Delibes y Alonso de los Ríos

La Feria del Libro de Madrid rinde mañana homenaje al escritor vallisoletano fallecido el pasado marzo

La Esfera de los Libros publica 'Soy un Hombre de Fidelidades. Conversaciones con Miguel Delibes', la edición definitiva de las conversaciones mantenidas entre el escritor vallisoletano, fallecido el pasado mes de marzo, y el periodista César Alonso de los Ríos.

   Según informaron a Europa Press fuentes de la editorial, la edición definitiva de la obra sale a la luz cuatro décadas después de la primera entrega de 'Conversaciones con Miguel Delibes' del periodista César Alonso de los Ríos con nuevo título, extraído en esta ocasión de una frase del propio escritor vallisoletano en referencia a su "fidelidad" "a una mujer, a un periódico, a un editor, a una ciudad".

   La Esfera pretende, con este libro "imprescindible para conocer al novelista", rendir un homenaje al escritor acercando su voz y sus sentimientos, los de un escritor "con territorio, un seductor de las letras españolas, un hombre que consiguió mejor que ningún otro ese difícil equilibrio entre los planos de la estética y la moral".

   Por tanto, la edición compila unas "páginas hermosas" en las que se puede escuchar a Delibes "y saber de su obsesión por la soledad, su vocación ruralista, su profundo amor a Castilla y los entresijos del oficio de escribir".

   Según Alonso de los Ríos, en esta edición no se ha cambiado "nada" ya que "simplemente" se han actualizado datos sobre la vida y los nuevos libros del escritor. "Mi visión de Delibes nunca tuvo que ser corregida, sólo se añadieron cosas", aseguró el escritor.

La Feria del Libro concluye hoy con “una ligera” reducción en la venta de publicaciones

La Feria del Libro, que ha tenido lugar en Palma desde el pasado 28 de mayo, concluirá hoy con "una ligera tendencia a la baja en las ventas", a pesar de la "notable" afluencia de público que ha pasado por los expositores durante estos días, según informó hoy el Gremio de Libreros de Mallorca.

EUROPA PRESS. 06.06.2010

Los organizadores de la 28 edición de esta feria dieron una valoración "positiva" de este encuentro cultural al considerar que se ha cumplido la "principal función" de este evento, que es "el fomento y la promoción de la lectura y la captación de nuevos clientes". Un objetivo cumplido para los libreros puesto que "la afluencia de público en el certamen ha sido notable durante estos días".

Por lo que respecta a los libros más vendidos, este año ha existido "una gran diversidad de títulos", afirmaron los libreros, quienes añadieron que "muy pocos han sobresalido, al contrario de lo que ha pasado en años anteriores".

Los datos facilitados por los expositores muestran que los más populares fueron, en catalán, 'Miracle a Llucmajor' de Sebastià Alzamora, y en castellano, 'En la ciudad sumergida', de José Carlos Llop. Entre los volúmenes infantiles, las aventuras de Tea Stilton y Gerónimo Stilton dominaron las compras para los más pequeños. Asimismo, los libros de autoayuda y de cocina tuvieron éxito como en ediciones anteriores.

La Feria del Libro, que se ubicó en el Paseo del Born de Palma, ha contado con 27 expositores procedentes mayoritariamente de Mallorca, excepto dos que eran de Barcelona, que representaron a librerías, editoriales, instituciones y servicios.

En la feria

No sé cómo encontré por primera vez el camino hacia el Retiro y la Feria del Libro de Madrid. Era en 1970. Como fui a la escuela en los tiempos anteriores a la pedagogía tengo buena memoria para las fechas y por lo tanto puedo situar con precisión los recuerdos. Era la primera vez que viajaba a Madrid, la primera vez que había subido a un tren, que había pisado el territorio fantasma de las estaciones a medianoche, con sus relojes iluminados y sus luces rojas señalando la frontera de la oscuridad al final de los andenes. Viajaba con mis abuelos maternos, que tenían el proyecto de visitar la Feria del Campo, El Escorial y el Valle de los Caídos, de pasear por el Retiro, poner una vela al Cristo de Medinaceli y tomar cañas con gambas en una taberna al parecer legendaria que se llamaba El Abuelo. En la taberna del Abuelo, decía con admiración la gente de mi provincia cuando volvía de Madrid, se consumían tantas gambas que los pies se hundían entre las peladuras crujientes y hacía falta un esfuerzo heroico para abrirse paso entre los joviales bebedores de cañas. En todo lo que contaban de Madrid había un esplendor que intrigaba mucho al niño gatuno que rondaba las conversaciones de los mayores. El Cristo de Medinaceli era el más milagroso, el Retiro contenía un bosque y una extensión de agua que podía parecerse al mar, en el Valle de los Caídos estaba la cruz más alta del mundo, en la plaza de Las Ventas sólo triunfaban las grandes figuras del toreo, las gambas frescas y la cerveza espumosa del Abuelo no tenían comparación. Mandaban postales y en ellas el cielo de Madrid sobre la Cibeles y la perspectiva de la calle de Alcalá o sobre las torres de la plaza de España tenía un azul más puro que el de los mares de los mapas.

 

 

Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina

A FONDO

Nacimiento:
10-01-1956
Lugar:
Úbeda

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La Feria del Campo resultó un largo tormento de maquinarias calentándose al sol de finales de mayo o principios de junio. En el mismo día de excursión en autobús El Escorial y el Valle de los Caídos se nos confundieron en un tedio de cámaras funerarias y explanadas graníticas. Una vaga rebeldía antifranquista me acentuaba el malhumor de adolescente cansado de ir a remolque de las expediciones de los adultos. El Museo del Prado y el Museo del Ejército se mezclaban en una extenuadora sucesión de cuadros de santos y cañones. El estanque del Retiro no era esa especie de mar que yo había imaginado desde muy niño escuchando los relatos fantasiosos de los adultos sino una gran alberca de agua turbia sin mucho interés para quien había navegado desde antes de tener uso de razón por los vibrantes mares del cine.

De vez en cuando me escapaba de la tutela de mis abuelos y me aventuraba fuera de la pensión para explorar Madrid por mi cuenta, con la alegría y el miedo de encontrarme solo en una ciudad que parecía inmensa. Me veía como un adulto: tenía catorce años, fumaba, llevaba pantalón largo aunque hiciera calor de verano, me peinaba con raya. Por primera vez en mi vida las calles por las que iba estaban habitadas exclusivamente por desconocidos. Se me iban los ojos detrás de las mujeres. Las mujeres en Madrid eran más altas, más descaradas, más jóvenes. Uno las miraba a los ojos y ellas le sostenían la mirada. Uno las miraba no por impertinencia ni desafío sino porque se quedaba pasmado y no se daba cuenta de la fijeza pueblerina con que lo miraban todo sus ojos. Hacía calor y las chicas llevaban minifaldas y camisas negras caladas. Se acostaba uno en el cuarto de la pensión, delante del balcón abierto en el que nunca cesaba el clamor del tráfico, y las imágenes de la ciudad y de las mujeres seguían agitándose en la cámara oscura de la memoria y no lo dejaban dormir, a pesar del agotamiento de las caminatas.

No recuerdo si por azar o a propósito desemboqué una mañana en la Feria del Libro. El único sitio en el que hasta entonces yo había visto muchos libros juntos era la biblioteca pública de Úbeda. Pero en su mayor parte se trataba de ediciones antiguas, muy gastadas, con lomos de encuadernación más bien lúgubre, todo de acuerdo con el aire un poco decrépito de aquel lugar, con las lámparas bajas que no disipaban la penumbra y con las toses espectrales de unos bibliotecarios ancianos.

Yo no estaba preparado para el asombro de tantos puestos alineados a la sombra fresca de los árboles, de tantos libros recién impresos, con portadas en colores vivos que exageraban su efecto por el hecho de su multiplicación. La Feria del Libro era el gentío de Madrid, la amplitud del espacio, el tamaño de los árboles, la anchura de las perspectivas, el mareo de la soledad y del miedo soterrado a perderme y de la excitación de las mujeres, todo junto. Los museos, las exposiciones agrícolas y las bóvedas funerarias de El Escorial y del Valle de los Caídos pertenecían a otro mundo con el que yo, con mi soberbia de adolescente reservón y enfadado, no tenía nada que ver. Lo mío era ir por la calle fumándome un cigarrillo sin miedo a que me pillara alguien de mi familia en una ciudad demasiado pequeña en la que me conocía todo el mundo; era imaginar mirándome en los escaparates que había cumplido unos años más, me había dejado el pelo largo y vivía en Madrid, y acudía con desenvoltura a los sitios en los que se encontraban los escritores, los cafés, la Biblioteca Nacional, la Feria del Libro.

En mi ciudad, en los escaparates de las papelerías, solía quedarme mirando las cubiertas de unos pocos libros que permanecían meses en el mismo lugar invariable, entre cuadernos, pisapapeles, álbumes de comunión, estuches de lápices de colores. En algunos de aquellos escaparates los colores de las portadas se habían ido amortiguando según pasaba el tiempo. En un solo puesto de la feria de Madrid había tantos libros que uno podía estarse horas enteras mirando sin haberlos visto todos. No recuerdo si vi a algún escritor, aunque no creo que hubiera reconocido a ninguno. Los escritores a los que yo leía -Julio Verne, Dumas, Gustavo Adolfo Bécquer- llevaban muertos mucho tiempo, de modo que tal vez no acababa de imaginarme que la literatura fuese un oficio que alguien pudiera ejercer en el tiempo presente. Yo a veces me imaginaba escritor, pero menos por vocación que por fantasía caprichosa, igual que me imaginaba astronauta o corresponsal de guerra o náufrago en una isla desierta. Como un niño solo en el edificio entero de una juguetería me mareé entre los libros, el calor y la gente, mirando precios, contando el poco dinero que llevaba, con mucha cautela, porque me habían advertido que Madrid era una ciudad llena de carteristas. Absurdamente me acabé comprando el Martín Fierro y una historia de la Mafia. Volví tan tarde a la pensión que mis abuelos ya temían que me hubiera perdido, que me hubiera pasado algo, en aquella ciudad que en el fondo nos daba tanto miedo.